Escuchar a los que han sido objeto de abusos

Mike LoweMike Lowe Un pequeño rayo de esperanza que emerge del escándalo de los abusos sexuales por parte de los clérigos, que arrastró a la Iglesia Católica, es que éste ha llevado a la arena pública un tema que a menudo ha sido barrido debajo de la alfombra.

El problema es, por supuesto, mucho más amplio que la Iglesia Católica. El boletín digital de Psychology Today señala que estadísticamente los sacerdotes católicos no son más propensos a ser abusadores que otros miembros del clero, u hombres en general. Varios estudios recientes indican que en los últimos 50 años el 4% de los sacerdotes católicos en los EE.UU. ha abusado sexualmente de menores de edad. Esa cifra parece horriblemente alta - hasta que se compara con las tasas entre los maestros de las escuelas (5%) o la población en general. Las cifras actuales indican que el 17% de las mujeres y el 12% de los hombres en los EE.UU. fueron violados sexualmente por los adultos cuando eran niños.

Es evidente que esto es un problema grave. El abuso literalmente destruye vidas y familias enteras. El siguiente relato, de alguien que fue abusado por un familiar, muestra por qué es tan importante para la sociedad en general, no sólo para la Iglesia Católica, el reconocer y apropiarse de este problema.

Mi experiencia de abuso sexual infantil me ha afectado enormemente. Me privó de la oportunidad de confiar en la gente y de verme a mí misma como una persona inherentemente buena.

Esta pérdida de confianza me ha afectado más en mis relaciones con mis padres - especialmente con mi madre. Durante muchos años sentí que me había fallado al no protegerme de los abusos e incluso al exponerme directamente a ellos. Me ha tomado mucho tiempo y mucho trabajo entender que mi madre simplemente hizo lo mejor que podía y que no sabía que estaba siendo abusada. El no creer que ella no sabía lo que estaba sucediendo, me llevo a cerrarme hacia ella durante muchos años.

Como muchas víctimas, me culpé por el abuso y me vi a mí misma como una persona mala y sin valor. Cuando era adolescente me comportaba de manera muy sexual, me portaba mal en la escuela y utilizaba la comida como una manera de recuperar un cierto sentido de control sobre mi vida. Esto me hizo sentir aún peor en relación a mí misma. No dejé que nadie se acercara a mí, ya que temía que descubrieran a la persona mala y sucia que yo era. Durante mis años de adolescencia me sentí desesperadamente sola y deprimida. Muchas veces pensé en suicidarme.

Mi proceso de recuperación ha tomado décadas. Al principio busqué ayuda del sistema de salud mental para la depresión, ansiedad y trastornos de la alimentación. Cuando conté mi historia de abuso sexual no me creyeron, me sentí muy aislada. Esto me hizo dudar de mí misma y dejé de buscar ayuda durante muchos años. Más tarde, cuando me creyeron, los psiquiatras no sabían cómo ayudarme.

Finalmente encontré mi camino en los servicios especializados para víctimas de abuso sexual, y aquí fue donde mi curación inició realmente en serio. La parte más importante de este viaje ha sido el encontrarme con otras mujeres que han tenido experiencias similares. Compartir nuestras historias fue increíblemente potente y finalmente me ayudó a darme cuenta de que todo aquello no fue culpa mía.

Al compartir mi historia con otros, la mayoría de las veces, me han creído y apoyado - en particular mi esposo, mi madre y mis hermanas. Otros en mi círculo más amplio de amigos y familiares a veces han expresado dudas acerca de las mujeres que van e informan que han sufrido un abuso sexual - especialmente después de que han pasado muchos años. Creo que esto representa una continua negación de este problema en la sociedad, y que debemos seguir trabajando para superarlo.

El escándalo actual plantea muchas preguntas: sobre la responsabilidad institucional y sus fallas, sobre si vemos el abuso, ante todo, como un pecado o como un acto criminal; sobre la naturaleza de la autoridad espiritual y temporal y sobre en quién podemos confiar.

Como una institución basada en valores morales y espirituales, la Iglesia Católica se encuentra en un nivel superior al del resto de la sociedad por lo tanto es normal que se le ponga en la línea de fuego.

Pero en todo el dolor y la ira en torno a esta tragedia, espero que podamos, sobre todo, escuchar las voces de aquellos que han sufrido de abuso infantil. Puede ser una parte de su proceso de sanación - y del nuestro.

NOTA: Individuos de varias culturas, nacionalidades, religiones y credos, están activamente involucrados con Iniciativas de Cambio. Estos editoriales representan los puntos de vista del escritor y no necesariamente los de Iniciativas de Cambio como movimiento.