Dando algo a cambio

José Carlos León Vargas (derecha) con algunos pepenadores de Oaxaca (Foto: Aurelia Annino)José Carlos León Vargas (derecha) con algunos pepenadores de Oaxaca (Foto: Aurelia Annino)Viajando por Asia José Carlos León Vargas pudo ver que la pobreza no tiene límites. De la clase media y culta de México, ha dedicado su vida a los más pobres entre los pobres, empezando con aquellos en las afueras de su ciudad natal. Mike Lowe reporta:

En las afueras de la ciudad de Oaxaca - uno de los principales destinos turísticos de México – el basurero de la ciudad es el hogar de algunos de los más pobres entre los pobres, algo muy familiar en los países en desarrollo. Fuera de la vista de los turistas o de las clases medias urbanas, estas familias buscan su subsistencia escarbando entre los deshechos. Es un trabajo sucio y peligroso.

Una semana antes de Navidad, una de ellos, de 64 años, enfermó de leucemia - su condición agravada a causa de la desnutrición y la anemia severa. La ayuda le llegó de un joven, José Carlos León Vargas, quien consiguió atención médica y convenció al hospital para que se hiciera cargo de los medicamentos.

Con dos maestrías y fluidez en inglés, José Carlos podría haber elegido carreras bien remuneradas. Al volver de estudiar en el extranjero en 2008, le ofrecieron un trabajo en el Departamento de Inmigración, repatriando a los inmigrantes ilegales de Centro y Sur América que intentan llegar a la frontera con EE.UU. No lo aceptó. "No fui a buenas universidades ni viajé por el mundo, aprendiendo tanto, para luego utilizar mis conocimientos en contra de las personas que buscan un futuro mejor. Esto hubiera sido una perversión de todo lo que he recibido de la vida."

"No hubiera encontrado una dirección en mi vida si no fuera por Aurelia, mi pareja", dice. Juntos, crearon una pequeña organización para ayudar a personas marginadas. Se llama SiKanda, que significa 'Movimiento' en la lengua indígena local. Su primer proyecto es con los pepenadores de Oaxaca, y se centra en proporcionarles guantes, mascarillas, botas y ropa protectora.

Se conocieron en Italia, mientras estudiaban una maestría en desarrollo. Luego decidieron mudarse a Oaxaca, la ciudad natal de él, para trabajar con las minorías y los grupos vulnerables. No fue fácil. Como italiana, era difícil para Aurelia encontrar trabajo. Incluso hasta fue difícil encontrar oportunidades de voluntariado.

"Teníamos sólo US$300 para cubrir el alquiler de nuestra casa y otros gastos. Nuestros padres nos dieron una mano, pero aún así teníamos un montón de cuentas que pagar en una ciudad que por su atractivo turístico es muy costosa."

Sin desanimarse, consideraron su situación como una prueba a su voluntad, comprendiendo así "el tipo de situaciones a las que miles de familias pobres se enfrentan cada día". Luego de haber aceptado esto, pareció que "el cielo de repente se abrió" para ellos. Aurelia encontró un trabajo como coordinadora de proyectos interculturales y de educación, y a José Carlos le ofrecieron un trabajo con Coffee Kids, organización que financia programas de reducción de pobreza. "Por primera vez en muchos meses, pudimos ahorrar un poco, pagar nuestras deudas e incluso, comprar un pequeño auto usado."

Trabajando con pequeñas cooperativas y organizaciones de base en las regiones cafeteras, Coffee Kids ayuda a las familias a mejorar sus ingresos y su calidad de vida a través de esquemas de micro-créditos para educación, salud, protección del medio ambiente y pequeñas empresas.

Recuerda su visita a un proyecto de educación infantil y de medio ambiente en una comunidad remota en Nicaragua. En el reporte algo andaba mal – cifras inexplicables, cambios realizados sin previa notificación y poca evidencia de progreso. "Pensé que tendría que tener una larga conversación con el encargado." Pero en el momento en que entró en un aula de 20 niños, quedó totalmente impresionado con un espectáculo musical de gran calidad. "Ninguno de ellos había tocado un instrumento, hasta nueve meses atrás. Estaban tan felices que no les importaba caminar dos horas cada domingo para asistir a clases de música." Los profesores le contaron que las calificaciones de los niños habían mejorado considerablemente y que todo el pueblo estaba más limpio gracias a sus campañas. "Así que cerré la carpeta llena de informes, me senté y dejé que mi alma se enriqueciera con algunos de los niños con más determinación que jamás haya visto."

Al preguntarle por qué ahora ha elegido trabajar también con los pepenadores, José Carlos habla sobre su tiempo en Asia, donde participó por siete meses de Action for Life, un programa de liderazgo de IdeC. "Cuando visitamos la prisión Tuol Sleng y los campos de la muerte en Camboya, me prometí que entregaría mi vida a trabajar por la comprensión y la solidaridad, para que estas cosas nunca volvieran a pasar.

"En Filipinas nos llevaron a barrios marginales de Manila para encontrarnos con algunas de las personas que viven en las casas de cartón al lado de los ferrocarriles. Aún recuerdo kilómetros y kilómetros de casas improvisadas, donde los niños jugaban en charcos de barro y se única escuela era la calle. Cuando pensé que había visto todo, nos llevaron a un antiguo cementerio español, donde más de 1,000 familias viven en los mausoleos y criptas, comiendo y durmiendo en las losas de mármol. Cada día, los niños viven entre mosquitos y aguas residuales, frente a la enfermedad y la inseguridad."

“La vida sin duda me ha dado mucho. Nunca he experimentado privaciones. Cuando visité el basurero de mi ciudad, encontré las mismas sonrisas y esperanzas que vi en Filipinas. Así como la pobreza no tiene límites, comprendí que no hay límites para dar y ayudar. Por eso Aurelia y yo decidimos utilizar los ahorros de nuestros trabajos actuales para crear SiKanda y así devolver al menos un poco de lo que la vida nos ha dado." Pepenadores de Oaxaca (Foto: Cylla Perez)Pepenadores de Oaxaca (Foto: Cylla Perez)

Actualmente hay 40 familias: 154 madres, padres y niños, que trabajan durante 10 horas diarias clasificando cartón, metal, plástico y vidrio. Todos ellos están expuestos a accidentes con las excavadoras que entierran la basura, a cortaduras, mordeduras de perro, cables y polvo tóxico. La mayoría viven a tan solo pocos metros de la basura, en casas de cartón. El segundo proyecto de SiKanda es proporcionarles láminas de metal para mejorar los techos y protegerlos de la lluvia y el sol.

SiKanda también aspira a trabajar con las escuelas para mostrar que hay personas que se ganan la vida con los que desechamos diariamente. "Queremos romper los prejuicios. Si la gente con educación y oportunidades trabaja con los pepenadores, entonces debe haber algo interesante allí. Queremos desafiar a la gente a mirar a los pobres con otros ojos."

Poco después de comenzar SiKanda, un par de cineastas suizos ofrecieron hacer un documental acerca de los sueños, esperanzas y desafíos de los pepenadores. Se estrenó en el relleno sanitario. "Fue conmovedor escuchar las respuestas de los pepenadores al ser representados como seres humanos con sueños y no como la gente sucia que la sociedad considera que son".

Proyecciones posteriores han ayudado a recaudar fondos para el presupuesto de US$ 48,000 de SiKanda. "Hubo muchas lágrimas al ver el documental - no por las terribles condiciones, sino porque los pepenadores están orgullosos de su trabajo y sonríen más que cualquiera de nosotros."

"Sabemos que nuestros proyectos son sólo una tirita (curita) en una herida profunda, pero sabemos que hay muchas experiencias exitosas de cambio en todo el mundo.” Aurelia y yo creemos que puede haber una más aquí en México. Desde que creamos SiKanda, he aprendido que los sueños son posibles y que el cambio también es posible, pero tenemos que dedicar tiempo, planificación y pasión, si queremos ayudar y aprender de los demás.

Para más información o apoyar a SiKanda visitewww.si-kanda.org.