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Comprendiendo a Afganistán – la Historia de una Refugiada
Mary Lean y Shabibi Shah en el Foro de Greencoat (Foto: Louise Jefferson) La autora, poeta e intérprete afgana, Shabibi Shah, compartió su reflexión personal sobre su valiente historia de vida durante el lanzamiento de la última edición de su libro Where do I Belong? (¿A dónde pertenezco?) Respondió a las preguntas dirigidas por la periodista Mary Lean en el Foro de Greencoat, celebrado el 11 de noviembre en el Centro de Iniciativas de Cambio en Londres.
Forzada a huir de Afganistán en 1983, Shan habló su peligroso escape con sus tres hijos pequeños hacia Pakistán en un remolque y sus luchas como refugiados tanto en Pakistán como en Gran Bretaña.
Shabibi Shah nació en la capital de Afganistán, Kabul, en el año 1947 – una ciudad destruida por la guerra y radicalmente diferente a los que es hoy en día. Estudió periodismo en la Universidad de Kabul, donde conoció a su compañero y luego su esposo, Zafar. "Que las mujeres asistieran a la universidad no era algo inusual en aquellos días. Los años 60 y 70 fueron buenos tiempos para la mujer en Afganistán. El gobierno alentaba a la gente a tener una buena educación."
Como toda una jovencita musulmana afgana obediente, Shan dejó de hablar con Zafar cuando se dio cuenta de sus sentimientos hacia ella, con temor de que su padre se enterara. "Tuve que cuidar de mi reputación, así que dejé de hablar con él. ¡Pero entonces él dejo de hablar con todos, lo que era muy vergonzoso para mí! El no habló con nadie durante dos meses, ni siquiera a nuestros maestros."
Shabibi Shah sosteniendo su libro en el Foro de Greencoat (Foto: Louise Jefferson) Su padre se rehusó a dar su consentimiento para que Shan se casara, pero un periódico local se enteró de la determinación de Zafar de estar en silencio y lo reportó, "entonces todo mundo se enteró y mi padre finalmente permitió que nos casáramos".
Zafar trabajó como periodista político, mientras Shah se graduaba de profesora. Tuvieron tres hijos, pero cuando el régimen comunista llegó a Afganistán a finales de los años 70, la vida les cambió para mal. "Sólo una publicación del gobierno fue autorizada y todos los demás periódicos tuvieron que cerrar, entonces mi esposo encontró otro trabajo como traductor en la Embajada de Libia". Como todo un ferviente anti-comunista, Zafar continuó escribiendo en contra del gobierno, distribuyendo de manera secreta su trabajo entre sus amigos y socios más cercanos. Esto era muy riesgoso y finalmente le costó su empleo cuando un trabajador de limpieza de la embajada, encontró en su papelera algunos borradores de sus escritos y los entregó al gobierno.
Siguió teniendo problemas y más adelante sus conversaciones en contra del gobierno fueron grabadas. "Usaron las grabaciones para sobornar a mi marido pero cuando él se rehusó a pagar ni un solo centavo, lo ataron y lo golpearon y perdió cuatro dientes". Física y mentalmente enfermo, Zafar se recuperó en un hospital psiquiátrico en Kabul.
Cuando más de estos escritos llegaron a manos equivocadas, Zafar fue llevado a prisión, donde estuvo seis meses. Luego de una investigación sin frutos de parte de un abogado, Shah valientemente defendió a su marido en el juicio. No era común que una mujer afgana defendiera a un hombre en la corte – Shan era la única mujer en la corte – aún así logró que lo liberaran.
Poco después él huyó a Pakistán. "No tenía dinero, pero a las 4 de la madrugada, con tan solo una poca ropa en su bolsa, partió."
Quince días después, Shah y sus tres hijos dijeron adiós a su vida en Afganistán e iniciaron un duro y peligroso viaje para unirse con él. "Durante 15 días caminamos, dormíamos de día y viajábamos durante la noche a través de las montañas."
Unidos de nuevo, la familia vivió un tiempo como refugiados en Pakistán, antes de que finalmente les otorgaran la visa para Gran Bretaña.
Shabibi Shah autografía una copia de su libro (Foto: Louise Jefferson) La familia llegó a South London, la parte sur de Londres, en 1984. "Yo había sido maestra en Kabul y pensé que sabía mucho sobre Inglaterra. Pero cuando llegué, me di cuenta que no sabía nada." Su vida fue muy austera, vivieron apretados en un solo cuarto en algunos hostales. No fue sino hasta que sus hijos crecieron que Shah pudo enfocar sus energías a aprender inglés. "Me sentía sola y quería mejorar mi inglés. Tomé clases y un curso de consejería bilingüe".
"Empecé a escribir para mejorar mi inglés, pero el escribir se convirtió en mi terapia y mis amigos me animaron para que escribiera un libro sobre mi vida." Como poeta en dari, su lengua materna, Shah compartió algunos de los poemas publicados en su libro, leyéndolos tanto en dari como en inglés.
Hace cuatro años, Shah hizo su primer viaje a Afganistán, más de 20 años desde su escape. Encontró a su país en una miseria absoluta. "En este momento parece un lugar oscuro. Kabul solía ser hermoso, pero cuando regresé y salí del aeropuerto encontré las calles llenas de mendigos. Fue como entrar al primer siglo y fue muy doloroso. Recuerdo a una pequeña niña en harapos y sin zapatos, con dos pedazos de papel higiénico en la mano extendida. Estaba tratando de venderlos."
En el Reino Unido, Shah está activa dentro de la comunidad afgana, ayudando a los refugiados recién llegados, ofreciendo sus servicios como intérprete para organizaciones tales como Gatwick Detainees Welfare Group (Grupo de Bienestar para Detenidos en el aeropuerto de Gatwick) y recaudando fondos para un pequeño orfanato en Kabul.
Su libro es, en sus propias palabras, "un simple llanto por mí misma y por mi gente, quien ha muerto, ha sufrido, ha perdido a sus hijos, han quedado minusválidos, viudos y se han convertido en refugiados". Pero también es una historia conmovedora de la inagotable valentía de Shah y su fortaleza interna para mantenerse en pie ante la represión política y soportar las luchas y la pobreza de una vida en el exilio. Su libro cuenta solo una historia, pero sus palabras llegan más allá, favoreciendo la comprensión y la compasión en todos nosotros por los innumerables refugiados alrededor del mundo quienes se encuentran en los márgenes de la supervivencia.
Esme McAvoy
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