Los agricultores de todo el mundo están en riesgo de convertirse en siervos de nuevos amos. Pero los consumidores tienen una gran responsabilidad y un enorme poder. ¿Cómo utilizaremos ese poder?
Mientras escribo, 152 países aún hablan en Ginebra sobre la liberalización del comercio internacional justo. Es obvio que el libre comercio es un asunto extremadamente difícil, especialmente porque existen muchos intereses en conflicto. Libertad para uno podría significar esclavitud para otro. Hace dos semanas vi una película que me hizo darme cuenta de esto, especialmente cuando se trata de comercio de alimentos.
La película que vi fue hecha por un periodista investigador francés y fue proyectada en Suiza, en la conferencia "Confianza e Integridad en la Economía Global" en Caux, como parte del día organizado por el grupo del Diálogo Internacional de Agricultores. La versión en inglés que yo vi se titulaba "El mundo según Monsanto". De acuerdo al productor de este documental de dos horas, la libertad que tiene esta compañía biotecnológica de expandirse, priva de su libertad a los agricultores, no solo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. El documental sugiere que esto no tiene nada qué ver con el deseo de alimentar al mundo, sino con el deseo de controlar y de hacer dinero, utilizando las maneras más sinuosas y maliciosas para hacerlo.
Esto me hizo recordar la Edad Media cuando en Europa, por lo general, los agricultores estuvieron bajo el dominio de sus amos, quienes eran propietarios de las tierras. Los agricultores tenían que liberarse para convertirse en amos de sus tierras y producir – y a su debido tiempo, lo hicieron. Ahora, muchos agricultores alrededor del mundo, parecen estar en peligro de convertirse en siervos de nuevos amos.
"Los imperios de alimentos" reclaman que son ellos quienes pueden resolver la escasez de alimentos; pero otros opinan que estos imperios son el problema. Jan Douwe van der Ploeg, profesor en sociología rural de la Universidad de Wagenigen (quién ha acuñado la frase "imperio de alimentos"), establece en la revista de cooperación de desarrollo "Onze Wereld" (Nuestro Mundo), que la "agricultura agrícola" (opuesta a la agricultura industrial), la cual ha sido descuidada por décadas, necesita ser reforzada. A través de las leyes del mercado mundial, los países en desarrollo no han sido capaces de cumplir con sus propias políticas agrícolas. El mercado está gobernado por los imperios de alimentos. Necesitamos de un movimiento contrario, como lo es el "comercio justo".
Los países necesitan ser capaces de organizar su propio abastecimiento de alimentos, de la manera que lo deseen y no dejar esto en manos de poderes extranjeros. Van der Ploeg recuerda que una propuesta de este tipo fue discutida una vez por los ministros de agricultura de Europa. Los Países Bajos y Gran Bretaña se encontraban dentro de los países que con mayor fuerza se oponían. Los Países bajos es uno de los mayores exportadores de alimentos en todo el mundo, lo que nos hace una araña importante en la telaraña del imperio de alimentos, dijo Van der Ploeg. Continúa diciendo que no son los imperios de alimentos, sino los agricultores ordinarios quienes pueden asegurar el aumento en la productividad de alimentos, con suficientes provisiones ellos podrán conseguir créditos y buenos precios para sus productos.
Van der Ploeg está bien acompañado por más de 400 científicos de todo el mundo, quienes trabajaron por seis años en la Evaluación Internacional de Conocimiento, Ciencia y Tecnología Agrícola para el Desarrollo (IAASTD, por sus siglas en inglés). Este estudio, respaldado por el Banco Mundial y la OMS, fue presentado el pasado mes de abril en una conferencia intergubernamental en Johannesburgo. El IAASTD refleja un creciente consenso dentro de la comunidad de científicos y la mayoría de los gobiernos, que la agricultura industrial, consumidora de gran cantidad de energía y tóxica, es un concepto del pasado. El mensaje principal del reporte es que los agricultores a pequeña escala y los métodos agroecológicos, son la solución para enfrentar la actual crisis de alimentos. De tal manera será necesario hacer arreglos más equitativos en el comercio, en la manera en que se comparten los conocimientos y en las inversiones que se han hecho.
Un científico holandés que trabajó en este reporte dice: "Los países ricos por décadas han sido capaces de invertir en su propia infraestructura antes de haber empezado a promover el comercio justo. Forzar a los países pobres, antes de que tengan una infraestructura similar, los destruiría". El profesor Bob Watson, director del IAASTD dice: "La agricultura no puede seguir siendo vista y pensada como simple producción. Necesitamos incluir asuntos sociales, económicos y medioambientales, y pensar acerca de los impactos culturales y de género".
Mientras estaba escribiendo esto, leía en el periódico un ejemplo muy alentador en Ciudad del Este, Paraguay, quienes han decidido elegir su propio futuro. Hace once años ellos formaron un bastión de resistencia en contra de la industria agropecuaria, el uso de pesticidas y los organismos modificados genéticamente. Ellos cultivan cada vez de una manera más orgánica, venden sus productos a en su propio mercado y se ganan así la vida! Les tomó algún tiempo, dicen, darse cuenta que el pesticida era en realidad un veneno. Ahora ellos pueden cultivar a menor costo, porque no necesitan comprar fertilizantes artificiales ni pesticidas. "Peleamos por la vida de nuestro planeta", dicen. Ahora ellos tienen en su asociación 1800 familias de toda la provincia de Alto Paraná.
¿Y qué hay acerca de los consumidores? ¿Somos libres de elegir lo que compramos y comemos? Y si lo somos, ¿Utilizamos esa libertad responsablemente? ¿Podemos los consumidores tomarnos de la mano con los agricultores y elegir productos que dañen lo menos posible el ambiente, productos por los cuales a los agricultores se les pague un buen precio, productos que sean cultivados orgánicamente, que tengan un mejor sabor y sean más saludables? ¿Productos animales en que los animales no hayan tenido que sufrir y que su alimento no haya tenido que viajar la mitad del mundo? Muchos consumidores anhelan este tipo de alimentos, cosa que se ha visto clara en el deseo de cada uno de cultivar sus propios alimentos. Leí que en los Estados Unidos, en lugares donde había un hermoso césped, se está haciendo espacio para sembrar jardines de vegetales. En el Reino Unido esto también parece ser una nueva tendencia. Y en mi país, los Países Bajos, hay listas de espera para rentar jardines en lotes fuera de la ciudad donde la gente quiere sembrar sus propios vegetales.
¿Pueden los consumidores y los agricultores tomarse de la mano con la industria de alimentos como socios iguales que trabajen en beneficio de una producción de alimentos saludables: saludables para el ser humano y el planeta? Con este objetivo, Iniciativas de Cambio-Italia está organizando en Bolonia, una conferencia en octubre 2008, apoyada por los equipos de IdeC en Francia, los Países Bajos y Alemania. "Entre el excedente y la hambruna – Alimentos: una encrucijada para la paz", es el título de esta conferencia. Diferentes organizaciones locales son co-organizadoras de este evento de tres días.
Los consumidores tenemos una gran responsabilidad y un enorme poder. ¿Cómo utilizaremos ese poder?